lunes, 1 de abril de 2013

APARIENCIAS Y RECUERDOS.Por: Santiago Betancur


Escogió la pastilla azul. Abrió los ojos, Miró detenidamente la palma de su mano y luego alzó la cabeza en busca de algo que le fuera familiar, a su alrededor encontró una extensa maleza mezclada con humedad y niebla espesa ,a lo lejos una laguna suavemente iluminada por lo que bien podrían ser luciérnagas o ilusiones. Le invadió un espeso vapor de desconsuelo luego de repasar sus estériles memorias en busca de un ancla disfrazada de un fue.

Acumuló medio universo en sus pulmones y suspiró tan fuerte como pudo, apretó el puño y pensó de nuevo, ninguna de las imágenes en su cabeza le dijo algo, no había donde volver, los arbustos no daban pistas y los delicados murmullos del bosque combinados con los bruscos movimientos de las hojas hacían imposible la tarea de concentrarse e intentar  dilucidar un camino.  Se llevó la mano a la cabeza y antes de caer en la desesperación lo sorprendió una sombra apenas compuesta de delirios y quizás.
El bosquejo escondido entre las ramas hacía crujir las hojarascas, él se fijó hasta donde pudo y
Sobrecogido por la sorpresa decidió perseguir lo que parecía ser la única brecha entre él y el olvido, la silueta se diluía entre polvos y sombras apenas perceptibles, las migajas de pan  que dejaba su aroma le condujeron entre los escarpados arbustos, las pequeñas heridas entre las falanges de los dedos y la intransitable breña le hicieron perder el rastro.

 El sonido que produce la fricción del agua con las piedras  lo condujo a las orillas de un lago inmerso en un estruendo tan fuerte, que casi podía decirse, que se estaba presenciando un concierto. Lo hipnotizó la resonancia de los sonidos, como ya estaba cayendo la noche, le era imposible visualizar de dónde venía cada uno de ellos, cerró los ojos, identificó los que pudo e intentó consolarse con lo que en su momento le pareció, la melodía más grata que había escuchado en su vida.



Mientras se sacudía el barro que había acumulado en los talones, un fulminante destello a la altura de su pecho le fascinó, una pequeña criatura encriptada en fractales despidiendo moléculas de luz iluminó el rostro de otra criatura apenas más hermosa que la anterior.

Ahí estaba ella, debía tener entre 18 y 20 años, pequeña, pálida y  de hombros redondos, su cabello caía de a poco como ondas que dejaron entrever un rostro muy fino, con dos cicatrices pequeñas, una en la punta de la nariz como un menudo toque escultórico y una más en la parte superior de la ceja izquierda, unos labios muy delgados que resguardan una sonrisa plácida y transparente, los ojos como óvalos alargados con un delicado sabor egipcio. se movía con cierta rigidez en los codos para compensar el vaivén de las caderas, tenía unas pequeñas pecas en la zona que conecta el final del cuello con la espalda, una cintura que anunciaba una figura esbelta y plana al igual que las  pantorrillas, unos talones estrechos que empujaban unos pies maravillosos, de uñas diminutas y rosadas que no se dejaban opacar por un defecto congénito en forma de trompo en el dedo que corresponde al segundo desde el pulgar al meñique.

Se acercó a él, se sentó en lo que parecían ser las raíces de un roble, y comenzó a hacerse rollitos de pelo con los dedos mientras jugaba con el rastro que dejaban en su ascenso, unas peculiares luces que brotaban del pantano, que ardían,  verdes,azules, y blancas danzando al son de sus mirada.

Abrió la mano intentando atrapar una de esas pequeñas criaturas camufladas entre el brillo y disfrazadas de ficción, pero quedó absorto en el rastro que dejaba su luz en el agua, como gotas de óleo que se expanden entre tinieblas y se pierden en la nada.

Un trágico destello sacudió el lago como un recuerdo y le hizo recobrar el aliento, buscó en su cabeza las palabras correctas para pedir su ubicación, cerró los ojos por un instante y antes de que pudiera abrir la boca, ella le sostuvo el antebrazo de la parte izquierda de su cuerpo, mientras despedía el calor más tierno que jamás en su vida había sentido, con un leve susurro moduló muy lentamente la palabra:

-despierta

El eco de su voz fue la única compañía que encontró en esas cuatro paredes donde continuamente buscó la puerta que lleva más allá de este mundo de sueños.



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